24 oct. 2012



    Abrió los ojos en el sofá de su casa taller, estaba totalmente empapado en sudor y sentía un agudo dolor en la mandíbula, aferrándose al cumulo de ropa que horas antes apartó intentó entrar en calor. Miraba con alivio que todo había sido un mal sueño, sin darse cuenta se durmió supervisando algoritmos y demás datos del Tablet.

    Se refrescó la cara e intentó olvidar la pesadilla… Vio como avanzaba el proyecto mientras buscaba algo de café soluble por algún lugar de la casa.

    Con cafeína caliente en el cuerpo, echó una ojeada al proceso físico, casi completado se veía: Un utensilio de mano alargado y hexagonal, con una circunferencia interior para insertar una batería cilíndrica o pilas. En un extremo tenía un led rojo y en el otro un vacío donde el serpentino brazo creador de materia, trabajaba en una cubierta con un pequeño muelle. En el centro de manera destacada sobresalía un único botón.

    En apenas una hora el proceso finalizó como estaba previsto; el brazo se retiró dejando paso a la mano humana. Llevaba años fantaseando con sentir el tacto del primer utensilio materializado por su proyecto Alpha.

     Lentamente, con firmeza alargó la mano derecha; era tersa y joven, con las venas apenas marcadas y algo de bello áureo asomaba tímidamente por la piel que cubría el metacarpo. Rodeó el hexágono con los dedos y lo aferró a la palma, conforme lo acercaba a los ojos para verlo en detalle…

    La mano se llenó de manchas y se agrietó, sus venas perdieron consistencia marcándose a una agrietada piel. Con ojos cansados por el paso del tiempo, recordó años atrás la primera vez que tuvo en sus manos el artilugio parido por su proyecto Alpha.

-Señor han llegado los diplomáticos de Militech; Un negociador free Lance y un miembro de la compañía.

   Una bata blanca con un viejo dentro se levantó de su sillón de mando en la estación lunar y con las dificultades que dan las piernas en la vejez, cuando se ha permanecido demasiado tiempo sentado, emprendió la marcha hacia la escolta que le aguardaba.

 -¿Seguro qué quiere hacer esto? Tenemos hombres que podríamos mandar en su lugar.

   Sin detener la marcha asintió con la cabeza, hace cincuenta años tuvo un sueño y hoy en esa conversación vislumbraría su metáfora.


                                                      
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