16 oct. 2012




   Entrada 169

    Salió de la trinchera y continuó corriendo, armado con solo dos pistolas ligeras, decidió guardar la munición por si llegaba al cuerpo a cuerpo a la altura de Higs, solo le quedaba correr y…

    Saltó por encima de una trinchera de Bereberes sin tan siquiera prestarles atención, sus hombres se encargarían, él tenía una acción más importante un último “as” en la manga.

    Ordenó mentalmente abrir el compartimento de la cyber-pierna izquierda, los cuádriceps cromados se desplegaron para dejar paso a una poderosa mano que extraía uno de los dos botes de Gas Mostaza X1H.
 Abrió el recipiente y lo ancló a su cinturón dejando un surco de gas tangible amarillento. Conforme corría atravesando filas y trincheras bereber se esparcía por toda la línea.

    No tardó en escuchar los llantos de los que eran afectados por la ponzoña. El gas mostaza de la primera guerra mundial, sus efectos más aterradores afloraban a las cuatro horas, la versión X1H modificada por la evolución humana, producía los efectos en cuatro segundos.

    Por detrás de él, el triangulo seguía el humo gaseoso como si fuera un perro guía, múltiples disparos impactaban en todos ellos, los informes de daño letal se amontonaban en las interfaces, pero nada salvo un impacto directo en la cabeza puede parar a un cyborg imbuido en Psico.






    A poca distancia entre un tumulto de bereberes, Higs se batía con un fusil empuñado por el cañón dando golpes de culata a todo el que se aproximaba, totalmente rodeado, había sido tiroteado a bocajarro por munición de bajo calibre y golpeado repetidas veces. En el suelo sintiendo las aguas por las que navega Caronte, decidió usar el Psico.

    Ya sin efecto y después de soportar un infarto de pie sin menguar rodilla en tierra, solo se defendía soltando golpes al aire. Funcionando con un solo corazón, era un mero humano con cyber-implantes que se debatía por alargar la muerte, sin esperanza de vida.

    Los Bereberes lo rodeaban mirando como poco a poco sus golpes eran menos contundentes y el agotamiento se adueñaba del enemigo, pero pocos eran los que se adentraban más allá del círculo, para enfrentarse al monstruo.

   No hacía ni dos minutos estaba siendo machacado a patadas y culatazos y se había re hecho matando a seis hombres en apenas un par de segundos. Las 9 milímetros que usaban parecían no traspasar el blindaje, todos sabían que solo era esperar que falleciera o se derrumbara.

   Muchos habían cazado depredadores animales y en situaciones semejantes era más sabio dejarlos morir dando zarpazos al aire que aventurarse a dar el golpe de gracia.


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