18 oct. 2012






                                                     Capítulo 1: DEFCON 5



    Se levantó la brisa de levante, agitando levemente el cañaveral aglutinado en las acequias que circunvalaban la huerta. La tarde moría por poniente dejando paso al grillar y la calma que acontecía la noche valenciana.

    En el interior de una barraca pisadas aceleradas desplazaban una bata blanca con un muchacho en su interior .De un lado a otro recogía cajas de pizza vacías, botes de refrescos cafeínicos, envases de comida asiática y desechables sinfín de alimentación rápida o a domicilio. Conforme llenaba una bolsa, la depositaba en un amplio cubo de basura negro alojado en la entrada junto a otro ya desbordante. Se paró para frotarse los riñones, alzó la vista y dejando los brazos en jarras oteó la sala.

    En otros tiempos posiblemente albergó a una familia labriega con mobiliario hogareño y habitaciones, ahora reconstruida en un diáfano estudio que ejercía de taller de hardware. La mayoría de paredes estaban recubiertas por un entramado metálico con micro herramientas adecuadas para la construcción de placas y chips, del techo habilitado mediante juegos de cadenas y poleas, colgaban herramientas más pesadas para trabajar maquinaría industrial.

    El habitáculo parco en muebles albergaba únicamente: Un sofá, una pequeña nevera con un microondas encima y en el epicentro una aparatosa mesa. Sobre ella se desdibujaba un bulto cubierto por dos plásticos opacos unidos con cinta americana.

    La mirada no buscaba el orden de las cosas, sino resquicios de basura furtiva alojada en algún recoveco. Iba a realizar una grabación y no quería que aflorase nada que restara notoriedad al acontecimiento. <<Todo despejado, ha llegado el momento >> dijo para sus adentros con suma satisfacción. Muchos días sin descanso llevaba trabajando y el cúmulo de porquería no había sido fácil de doblegar.

    Montó el trípode y la cámara enfocando a la mesa central. Retiró las cortinas de ducha que tapaban los diferentes monitores y el prototipo, comprobó que hubieran detenido el polvo levantado con la limpieza. Asegurado del perfecto estado de todo, con la premura que provoca la excitación del anhelo, instaló los diferentes monitores a las CPUs anexas a la mesa de trabajo, los sincronizó a su Tablet y resopló con nerviosismo.

    Encendió la cámara, miró detenidamente su invento, inspiró hondo… Posicionó el dedo en la pantalla táctil justo en el icono de “ejecutar”. Era su momento, toda su adolescencia estaba invertida en ese Click.



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