1 oct. 2012



    Entrada 156.

    Cuando perseguidores y perseguidos estaban sintiéndose los alientos mutuos.  El Sargento sacó el detonador a distancia de las Claimores...

    El juglar hizo un silencio mientras se frenó en la barra donde un desencajado Mogwai había dejado la escopeta sobre el mostrador eran demasiados y lo que menos quería era que se iniciara un tiroteo al empuñar él un arma. Con suerte a su amigo solo le romperían la mitad de los huesos de una paliza, con las manos en alto pero bajo la protección de la barra intento frenar lo infrenable.

-Presionó el botón y lo soltó con suma satisfacción.

    Sin mucho tiempo para más prosa, cogió la escopeta desatendida por su allegado, girose encañonando a la enfurecida turba. En seco frenaron los de cabeza siendo golpeados en la espalda por los imperceptibles que corrían en las filas traseras.
Estáticos mirando los locos ojos del poeta mientras les apuntaba, escucharon salir una exclamación de su boca:

-¡BoooooooMMMMMM! Las Claimores explotaron.

    Y disparó a los pies abriéndose hueco en un santiamén. Los cuerpo a tierra florecieron de nuevo en el Santa. Nada más ver hueco, corrió atravesando por en medio a los que ya no perseguían, si no se escondían.
 Para dar más énfasis al asunto, cada cierto número de pasos disparaba un cartucho al suelo.

-¡El tronar separo el flanco en dos como el mar rojo se abrió ante Moisés…!

    Retornando por lo recorrido se encaminó al escenario, el Santa era una mezcla de gente paralizada en sus asientos y gente por el suelo cubriéndose.