8 nov. 2012



                                          Dibujo por Ó.Font y P.Kessp



                                                                                           HIRU 2.0



    En una de las salidas de la AP7 el Studebaker de Hiru se cobijaba de ojos curiosos en el recoveco de un puente. Había detenido su viaje a kilómetros de la entrada a la vieja Valencia, escuchando música dejaba pasar las horas cómodamente, mientras miraba los garabatos de NV (Nueva Valencia) dibujados en un obsoleto mapa. Lucía un sol de justicia tan agobiante como peligroso, para el nómada que se aventuraba por calles llenas de escombros con la claridad del día.

    NV poseía una muralla circunvalando la huerta, parte de Benimaclet, un resquicio de la malvarrosa y la Patacona. De los cinco accesos solo uno estaba habilitado para comerciantes. La entrada situada al Oeste obligaba a cruzar las ruinas de la que fue tercera ciudad peninsular. La noche era un buen compañero para ese viaje, en otros tiempos la delincuencia usaba el manto nocturno para realizar fechorías pero en este futuro incierto sin apenas energía, la noche era negrura y una buena coraza de ofuscación para una ciberpiloto que conduce sin la necesidad de faros.

    Mientras perfilaba la ruta nocturna hasta el parking-estadio donde solía dejar el coche. No pudo evitar una vieja costumbre. Tenía debilidad por mordisquear su colgante; un Ojo de Estambul… Casi de forma automática lo busco con la mano por el cuello, no lo encontró e indagó manoseándose el pecho, mientras continuaba absorta rotulando el mapa. A los pocos segundos se percató de la realidad, el colgante: No estaba.

     Tiró los mapas y los rotuladores de mala manera en el asiento del copiloto, con ambas manos mientras se palpaba por el cuerpo. La desazón incrementó su acaloramiento, incluso se quitó la camiseta. Dejó de buscar en sí misma y se centró por el interior del coche, tarea ardua debido al desorden. Incluso planteó hacer limpieza, ese collar lo llevaba al cuello desde que tenía uso de razón, era el único recuerdo que le quedaba de antaño. Como todo objeto de valor sentimental poseía una nostálgica historia al respecto.


Golpeó con fuerza el volante y maldijo. Jadeante, sofocada y cabreada hizo acopio de recuerdos preguntándose: << ¿Dónde coño lo he dejado, ostia>>.



                                                                ir a página 2