7 ene. 2013




         << ¡Mierda!, y están apunto de acabarse los señuelos. Si retrocedo, me comerá la jauría. ¡Vencer o morir! >>
         Como un resorte salió lanzado hacia su corpulento enemigo, con la esperanza de sobrepasarlo antes de la llegada de los sabuesos. La reacción del gigante no se hizo esperar demasiado y en cuanto estuvo a distancia, se abalanzó sobre el Netrunner alargando los tentáculos que sustituían sus manos. Apenas tuvo tiempo de esquivar el golpe, que descargaba una estela de chispas contra la negra pared de su espalda. Pero el riesgo había merecido la pena si quería tener una mínima posibilidad de sobrevivir. Por el hueco que se creó entre el demonio y la puerta, lanzó una esfera metálica con la orden << Grimorium >> diseñada para descifrar códigos complejos. Ahora sólo tenía que aguantar a la bestia, el tiempo que tardase en decodificar la entrada.
         << Como si fuera fácil >> -saltó al lado contrario para esquivar otro de los ataques.
         Un pequeño pitido de alarma indicaba el exterminio de los gusanos de señuelo. Y ya empezaban a oírse los gruñidos de la feroz jauría que se aproximaba.
         << Vamos, maldita sea, vamos >>
         En ese momento el gigante cruzó los brazos, y un sin fin de destellos eléctricos de un color amarillento cubrió su cuerpo. Cargándose de energía para su siguiente golpe.
         << ¡Mierda, un DBolt! >>- pensó Gao Feng mientras se cubría con sus brazos el rostro en un acto meramente instintivo << SHIELD >>
         El programa de escudo se activó justo en el momento que el demonio liberaba toda su energía, cubriendo la totalidad del pasillo con una tormenta de relámpagos dorados. Haciendo saltar hacia atrás al Netrunner por la onda de choque, y destrozando su escasa protección. Se incorporó como pudo, aún aturdido por la descarga, cuando los primeros perros de presa asomaban por la esquina trasera.
         << Estoy muerto >>
         Todo parecía perdido durante esa fracción de segundo, que tardó en desbloquearse la puerta cifrada. Pero una fracción de segundo era toda la esperanza que un verdadero corredor de la red necesitaba.


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