21 jun. 2043



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    Soy conocido por el nombre Ur-Ukar, es la transcripción al idioma de los humanos de la pronunciación fonética orca. Como todo el mundo sabe, los orcos carecen de idioma escrito.
    “Ur” tiene traducción literal significa medio o pedazo de dos partes. “Ukar” complica el asunto en cierta medida, porque pese a lo pobre del vocabulario orco. Los humanos y elfos carecen de esa palabra en su diccionario. Viene a ser; el trozo de heces que se incrusta en el bello de las nalgas.
    En definitiva me llamo; “Incomodo medio excremento”. Comprenderéis que use la pronunciación orca de mi nombre a lo largo del texto, en lugar de su traducción en humano común, idioma que he seleccionado para pasar mis recuerdos a papel.
    Todo en esta vida posee su explicación y mi nombre tiene una razón de ser. Como indica el título de mis memorias, soy un semiorco. Uno de mis padres era un orco y el otro un elfo, pero para todas las razas cualquier cosa con sangre orca es un orco, indiferentemente de su otro progenitor. Para todas las razas menos para los orcos, que para ellos soy un semiorco, un mestizo, el hibrido de sangre pura y bazofia elfa, por ello me bautizaron con la lindeza de mi nombre. 
    Os estaréis preguntando: ¿Fue mi madre o mi padre el portador de la sangre elfica? Es imaginable por una mente perturbada visualizar a un elfo conquistando con galanterías a una ruda orca. Sin menospreciar lo depravado del acto sexual. Pero bueno, con toda la literatura de fantasía que existe sobre grandes caballeros salvando una y otra vez al mundo. Si tenéis entre las manos las memorias de un semiorco, muy normalitos no sois. Pero siento defraudaros, por simple deducción orca, matizo lo de simple. Estoy casi seguro que fui fecundado de manera normal: Un orco le asestó un buen testarazo a una elfa y la violó.
    Dos aspectos claves me ayudaron a resolver el misterio: Las orcas, no nos gustan ni a los orcos, está claro que cuando aprieta la bolsa seminal copulamos con ellas… Qué remedio. Ende si las orcas no nos apetecen ni a los orcos, imaginaos a un orejas puntiagudas.
    En el poblado al que pertenecí en mi edad temprana, siempre me dijeron que fui encontraron flotando por el rio, en un canasto creado de hojas perfectamente hiladas. Como las historias de héroes legendarios que tanto recitan los juglares en las posadas. Pero no os engañéis, ni héroe, ni historias épicas, ni he salvado al mundo. Me he limitado a sobrevivir, emborracharme y meter la tercera pierna en todo agujero femenino que se terciara, indiferentemente de la raza.
    No hay que ser un gran erudito para llegar a la conclusión que mi madre fue una elfa ultrajada, que por amor a la vida y esas sandeces elficas, no tuvo valor a tirarme a los cerdos cuando nací y me dejó a mi suerte sobre el rio.
    Las diferencias que tengo con los orcos de pura raza son inapreciables para los humanos: Tengo las orejas más puntiagudas, mis rasgos faciales son finos y carezco de bello en las mejillas. Pero mantengo la tonalidad de piel verde y los colmillos caninos de la mandíbula inferior. Digamos que soy bastante atractivo para una orca. Pero eso es tan útil como masturbar a un ahorcado. Para las féminas apetecibles; las macizas humanas y las delicadas elfas solo soy un orco. Otra de las diferencias interesantes es que camino erguido, a priori no parece una ventaja. Pero no os podéis imaginar los problemas que tienen mis compañeros orcos para enfundarse dentro de una coraza completa de campaña. Con lo difícil que es abatir a esos correosos caballeros y cuando les sesgas la vida, por culpa de la pequeña joroba, que todo orco lleva con orgullo al andar encorvado, no hay manera de poderse equipar con el botín. En mi caso, me sientan como un guante, siempre que el caballero sea de buen tamaño. La masa muscular orca, superior de media a la humana, es una de las herencias que mi padre dejo en el vientre de mi madre. Los rayos del sol también marcan una diferencia; los orcos pese a no ser dañados con ellos, como le ocurre a los trolls. Sí les molestan en demasía. A mí la luz de la bola de calor me increpa lo mismo que a un humano de ojos claros; aprieta pero no ahoga.
    Tras la presentación comentaros que he llegado a la vejez, luzco una oronda barriga y una prominente calva. Eso le quita cierta emoción a las memorias, por muy difíciles que parezcan las situaciones, al final salgo airoso de todas ellas. De lo contrario no podría escribir estas letras. Si buscáis combates a muerte contra un dragón con el fin de rescatar a una princesa, nobles duelos cara a cara y demás tópicos épicos festivos. Ir a cualquier posada, pagar una moneda de cobre por una cerveza aguada y esperar al bardo de turno.

    Esto son los relatos del otro lado… Las historias de un semiorco.