2 ene. 2022


   
      Entrada 1.  Narrador Omnisciente.





    Eran las cinco de la madrugada en una aislada casa asturiana ubicada a unos siete kilómetros de Pola de Allande, un pueblo que en estos locos días post apocalípticos servía de punto de encuentro para bandas de ladrones y saqueadores que, huyendo de la devastación de los núcleos urbanos, la lluvia ácida y otros males producidos por la radiactividad, se estaban asentando en pueblos de las montañas.

    Sara llevaba levantada un rato y, como un gatito, mientras su hermano aun dormía, se había deslizado por la casa hasta llegar al porche. Era uno de sus momentos preferidos del día, acurrucarse sobre la hierba en silencio, tranquila, acompañada únicamente por la soledad, mientras sentía la humedad de la tierra bajo sus pies desnudos.
   
    Ante el mínimo ruido era inevitable dirigir la mirada hacia el camino que se extendía al nordeste. A tan sólo un par de horas a pie estaba Pola, y pese a que su caserío y los campos gozaban de cierta protección otorgada por el auto proclamado cacique de la zona, siempre existía ese temor a que algún saqueador drogado o borracho no recordara exactamente qué casas disfrutaban del protectorado. Después lo despedazarían o algo peor, pero lo que le sucediera al asaltante era lo de menos si ella era la víctima.


                                                      
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