18 sept. 2012



    Avanzó atravesando a múltiples hermanos de raza sollozando en el suelo, se hacía difícil marchar en una arena mojada por la sangre, pero el odio que sentía por la pérdida de toda su familia y por ver cuantas vidas estaba costando esta venganza le impedía sentirse cansado.

    Armado con una arma que escupía fuego mantenido; recordó las palabras de su padre –Las armas en ráfaga se disparan apuntando a los pies del infiel- no era momento de deducir el por qué de las cosas, solo era momento de correr, correr hacia delante, correr rápido y encomendándose al único dios.

   A pocos metros de él, se desdibujaban unos hombres metalizados increíblemente grandes de proporciones no comparables a la media humana, con unos cascos que les sobresalían dos antenas mas parecidas a cuernos, eran la pura imagen de los demonios salidos del infierno.

   Cerró los ojos por un instante y esprinto, estaba cerca, casi en primera línea, escuchó gritos a su alrededor, otros jóvenes como el corrían a su lado, disparando pistolas y maldiciendo. El solo podía jadear, no tenía fuerzas para gritar, todo su fuelle lo utilizaba para correr, vio como paulatinamente los gritos cesaron y solo se escuchaba el rugir de los fusiles de los infieles, miró a su derecha y vio como el joven que gritaba, había quedado tirado en el suelo con el pecho abierto, a su izquierda aún por encima del ruido de las armas se escuchó un seco sonido y todo él se impregnó de sangre y una sustancia viscosa, en el suelo un berebere yacía con el cráneo y medio rostro destrozado.

   Corrió y vio caer a dos más enfrente, uno casi lo tira al suelo mientras pasó por encima de el en un tímido salto, se contorsionaba en el suelo por el dolor que le suponía un impacto certero en el estómago. Estaba muy cerca, podía ver cada detalle de los infieles, apenas a unos metros, corrió más . Recordó el cuerpo de su mujer, sus  hijas con la mirada perdida y sus cuerpos mancillados con increíble brutalidad. Se aproximó a tres metros por un lado de uno de esos demonios, que rodilla entierra no paraba de disparar sobre otros bereberes, concentrado en su trabajo impasible, letal en su cometido, pero a él no le apuntaba, era el momento, en ese instante del tiempo la vida de los suyos iba a ser vengada. Apuntó al suelo mientras disminuía su carrera y ahora sí gritó con fuerza. Apretó el gatillo con rabia y un rugir salió como la ira a través del cañón que comenzó a vibrar.

   Vio como la rodilla metálica del demonio se despedazo en esquirlas, sin poder controlar la fuerza del arma, el retroceso hizo elevarse al cañón, los múltiples impactos atravesaron parte del antebrazo, haciéndole perder su posición de combate y un sin fín de disparos le dieron en el pecho, reventándole la placa haciéndole menearse como si sintiera diversos calambres, cuando el cargador se vacío el tembleque del cyborg finalizo y se desplomo inerte, humeante... Exánime.


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