16 oct. 2012





Entrada 174.

    Los sueños del Imán Anzar se desvanecían como los hombres hacían entre las dunas del desierto. Se apoyó con las dos manos sobre la mesa dejando caer el peso del cuerpo sobre los hombros, inclinado hacia delante con la mirada perdida en el campo de batalla, permaneció callado a falta de palabras. No era momento para arengas religiosas que ni el mismo creía.

    El improvisado campamento levantado por las esposas e hijas de los que yacían muertos era un concierto de lamentos y lagrimas, las unas se abrazaban a las otras consolándose mutuamente. Las más afectadas por disponer de un mayor número de hombres alistados clamaban al cielo de rodillas, con plegarias imposibles de cumplir. Muchas eran conocedoras del cruento destino que las aguardaba, sin varones morirían irremediablemente por falta de protección y en algunos casos desdichas peores que la muerte les esperaban tras el velo cruel del océano de arena.

    Amastan Semidán dio un escueto vistazo a las mujeres, su cabeza empezó a calcular cuanto tardarían en reagruparse los supervivientes y regresar al campamento. Tenían que actuar con premura, no era momento de lamentaciones, En la posteridad le aguardaban muchas noches de luna para maldecirse por no haber usado su Luger contra el incompetente Imán.

    Pero por las venas de Anzar corría la sangre de Nauzet y la araña del desierto fue claro con su orden: Proteger al miembro de su familia por encima de todo. << Así será >> se dijo a si mismo con rabia.

-Anzar no es tiempo de estarse quietos, tenemos que marchar de aquí lo antes posible.
-Esperaremos lo que haga falta, estoy meditando, rezando en silencio por los caídos en nomb…
-¡Basta de estupideces!- espeto con rotundidad –En unos minutos hombres cargados de miedo llegaran a esta posición, el miedo bien aderezado por lágrimas de hembra se tornara odio y buscaran un culpable. Como tu buscas una manera de achacarme la culpa de la derrota.

-Eso no es cierto mien…- De nuevo fue interrumpido por el grito de Semidán.
-¡Silencio! Excremento de dromedario enfermizo, no hagas que ahogue mi odio en la venganza. Lo sucedido, pasado está… Ahora vámonos con el Jeep, cuando lleguen los civiles que has mandado una y otra vez cargar esta mañana, ¡querrán tu cabeza! Ni a ti te quedan Imanes, ni a mí Jerbas… Si tengo razón nadie lo podrá impedir.

    La tensión entre los dos hombres se fue calmando a la vez que la acalorada respiración del líder Jerba menguaba, mientras los ojos en primera instancia y luego el cuello de Anzar buscaban entre el horizonte supervivientes acercándose…

    No prosiguió por más tiempo la conversación, como una oveja sumisa entra en un cercado, el Imán Anzar fue al Jeep para salir a toda prisa. Cuando el conductor arranco. Semidán dio una última mirada al campo de muerte.

    Sus soldados habían peleado con honor y buen hacer, no podía sino sentirse orgulloso, pero el enemigo fue uno con el desierto, les ganó en todas las manos complicadas, quiso sentir rabia hacia esas maquinas disfrazadas de hombres, pero en el fondo de su ser, sintió admiración por el diablo que había comandado a los Cyborgs.