16 oct. 2012



    El Cabo hizo un zoom con el ojo cicloide… -¡Esos hijos de puta lo están linchando, no le disparan, lo masacran a culatazos!

    Los indicadores de adrenalina que tenía el Sargento en su visor se dispararon, la ira penetraba de manera natural en sus hombres, esto es lo que estaba esperando desde que comenzó a planear este combate, este era el momento.

-Hijos de mala madre, asesinos, violadores… Soldados de SubAtica, hoy vamos a morir, pero que sea dándoles por el culo a esos negros de mierda. Vamos a cargarles a reventarlos atravesando sus filas, ¡vamos a morir junto a Higs!

-Fuerza SubAtica- Gritaron todos.
-Muramos como hombres, con un solo corazón ¡Psico!

    Mentalmente todos pronunciaron la palabra maldita del cyborg <<Psico>> la droga que durante los segundos de efecto elevaba a su máxima expresión la palabra cyborg y cuando finalizaba el infarto era inevitable, dejándolos con un único corazón, el corazón humano.

    La aguja penetro en el corazón clonado del sargento, todo su ser tembló, su cabeza vibraba como una batidora y sus labios no podían contener las bilis de la boca. Cuando el frenesí terminó, todo se ralentizó, él era uno con el viento, la arena, el espacio y el tiempo.

-A la carga, ¡sin piedad!

    Los cinco soldados se levantaron de su posición a cubierto, elevados por el frenético shock del Psico, el Cabo fue tiroteado mientras su cuerpo se estremecía, para sorpresa de los bereberes con un cuerpo agujereado y destrozado emprendió la marcha detrás del Sargento que encabezaba el triangulo que se dirigía hacia ellos.


    Cada paso que el líder del reducido grupo daba, sentía como sus pesados pies se incrustaban en la arena, sentía todo a su alrededor, veía los surcos trazados en el in material de las balas.

    Extendió por delante su pistola pesada y dejó en la zurda la Mono Katana más retrasada que su torso, llegó a la altura de las primeras dunas trinchera, sin pensárselo abrió fuego contra la que tenía enfrente dos disparos a cada individuo, acertando en el pecho y la cabeza en ambos casos. En carrera sin detenerse vio tres dunas a continuación, la más cercana tres hombres con machetes se incorporaban para el cuerpo a cuerpo, a la derecha dos armas cortas y una carabina lo tiroteaban y la trinchera izquierda un Jerba acompañado de otros dos con fusiles más pesados lo encañonaban.

    El efecto del Psico le permitió no solo visualizar la escena sino pensar un plan y ejecutarlo. Mientras volaba sobre la arena para acometer la trinchera de los cuchillos, ladeó el torso y soltó una ristra de disparos al suelo del perfectamente atrincherado Jerba y los dos civiles. La arena levantada junto a la pólvora se incrustó en los ojos de los allí situados, haciéndoles errar las ráfagas.

   Conforme incorporó su torso, se dejó llevar por su brazo izquierdo, asestando un tajo de abajo arriba, sesgando la pierna a la altura de la rodilla del primer “enmachetado”, con la inercia del golpe circular, rodo sobre si mismo y cortó la cabeza del segundo en contienda. A bocajarro con el arma de fuego a la altura de la cadera disparó al estomago del último hombre, dejándolo morir sobre su hombro para tomarlo de escudo a los disparos de la carabina de la trinchera derecha, Cuando finalizó la salva, a una velocidad inhumana se dio la vuelta y lanzó el cuerpo sin vida a la trinchera del Jerba y los fusiles, para incomodarlos de nuevo, después de la recuperación del estorbo en los ojos.

   Se encaminó recto a la duna derecha soportando dos exitosos disparos en su pecho, mientras lanzaba la mono Katana atravesando de parte a parte el pecho de uno de ellos.

    A seis metros saltó, aterrizando sobre un atónito bereber que no se creía lo que sus ojos le decían, le aplasto con el peso de su cuerpo dandole muerte en el acto. Sin detenerse ni un instante golpeó de puño al único bereber vivo en la trinchera mientras daba la orden mental << Arietes hidráulicos >>. Su hombro y alrededores metálicos soltaron los servos y se deslizaron como un tiro por el brazo, potenciando el puñetazo que acababa de impactar en el pecho de su objetivo. Todo el pecho se estremeció en un crujido haciéndose añicos la caja torácica y eclosionando puré de órganos internos por la boca y la nariz, impregnando en su totalidad a la muerte metalizada, al Sargento.

    Se agachó mientras tres ráfagas de fusil pasaban por encima de la duna, cogió la carabina y en el tiempo de re apuntado de los hombre de la trinchera izquierda, levantó se y con arma a dos manos estando estático tres disparos, rápidos y certeros reventaron las tres cabezas enemigas.


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