24 abr. 2013



    Cuando ambos estuvieron a la misma altura, el muchacho le dio un cable coaxial que introdujo debajo del pañuelo de las gafas y lo enroscó a una clavija adosada al cuello, con un gesto de mano metió prisa al zagal.
Situándose de rodillas, el harapiento muchacho con ambas manos giró repetidas veces una manivela creando la suficiente energía para arrancar el despiezado equipo. De las placas base y otros artilugios conectados comenzaron a salir chispas y el bizarro invento se encendió.

-¡Señores y señoras! –El sonido amplificado salió del gran altavoz con una voz familiar para todos; el tono robótico de loquendo.

El presentador continuó moviendo los labios a la vez que en toda la zona se le escuchaba alto y claro.
-Aquí os traigo el balón, pieza de juego, o el eso. Conocido en todo el mundo todo el mundo por el IT – Sacó del carro un amasijo de trapos liados con cinta americana en forma ovoide, intentando parecerse a una clásica pelota de rugbi.

-Aunque todos conocéis las reglas –Dijo mientras se rascaba usando con mano rígida la oronda barriga por un roto de la camisa –Voy a repasarlas: A cada lado del campo dos palos clavados en el suelo más o menos a un metro de separación, ahí es donde el corredor tiene que llegar con el IT, solo el corredor que va desarmado puede tocar el balón, los demás pueden ir con armas contundentes. No se permiten los miembros implantados, ni las armas cortantes o punzantes, y… -Se quedó pensativo- ¡Y ya está! Esas son todas las reglas.


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