6 jun. 2013



El silbido del vapor, escapando por las válvulas de freno del vapobús, la sacó de sus pensamientos. El conductor hizo sonar una campanilla, indicando la parada correspondiente. Su parada. El transcurso del trayecto hasta su casa, lo pasó aun debatiendo en su cabeza la mejor opción al problema. Cruzó la verja metálica que bordeaba su parcela, y se acercó al chalet donde ella y Cryss vivían desde hacía ya tres años. Las luces estaban encendidas y la música sonaba a todo volumen, por lo que sospechaba que ella ya la esperaba dentro. Cuando entró y contempló la escena, se le pasaron por un momento todos los males. La joven morena de pelo revuelto que no se había percatado de su presencia, bailaba en ropa interior de forma extravagante mientras acicalaba la mesa. Sonnya tardó unos segundos en reaccionar y empezar a reírse a carcajadas, lo que llamó la atención de la distraída bailarina.

- ¡Ya estas en casa!- se lanzó a sus brazos obviando la burla.
- Si, por fin. Me han dejado escapar, por hoy.- la apretó fuerte contra ella a la vez que le proporcionaba un cálido beso.
- Espero que tengas hambre, por que he preparado una cena especial- señaló con su mano hacia la decorada mesa.
- Pero si hasta has puesto rosas… ¿Qué celebramos?
- No me digas que no te acuerdas… - su rostro se torció en una mueca- Hoy es el aniversario del día que nos enamoramos.
- Lo siento cariño, de verdad… -acarició la cara de Cryss suavemente, con ojos avergonzados- He tenido un día muy duro en el trabajo y no me he acordado.
- ¿Te han puteado mucho esos cabrones? ¡No te preocupes, yo te perdono!- volvió a lanzarse a sus labios.
Durante la copiosa cena, Sonnya no podía quitarse de la cabeza aquel asunto que la atormentaba. Aunque trataba de mantener continuada la conversación con Cryss, para que ésta no se diera cuenta de la tensión que sufría.
<< Cuidado, es psicoanalista>>- se decía a sí misma mientras trataba de controlar sus emociones.


Recogieron la mesa cuando terminaron, y fueron a sentarse junto a la chimenea con sendas copas de vino. Allí conversaron hasta que vaciaron la segunda botella y no quedaban más que brasas para caldear el ambiente.


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