19 jul. 2012






    Entrada 53 (Net-runner 2 de 12) Narrador Omnisciente.

    Jadeante por la tremenda subida, Net-La llegó a lo más alto del Puerto de Palo, y se detuvo para refrescarse con el agua de la cantimplora. El impetuoso y gélido viento le aguijoneaba la piel, pero el sofoco y el cansancio no le impidieron contemplar maravillada el imponente panorama de prados yermos, las cordilleras y el horizonte infinito.
A lo lejos divisó unos molinos de viento, junto a los que se alzaban dos construcciones, demasiado cercanas entre sí para un paraje tan inhóspito. Escudriñó en la mochila buscando los prismáticos, para ver más de cerca qué se tramaba por allí. De espaldas al sol, para evitar destellos por el reflejo de los cristales, oteó en la distancia y diviso una especie de almacén. Aparentaba dos alturas, pero la persiana metálica indicaba que el interior sólo albergaría la planta baja y un gran espacio. <<¿Podría ser un viejo taller de tractores? >>, rumió en su interior. El edificio continuo era claramente una casa de un solo piso, con las características de los caseríos rurales típicos de Asturias. Le sorprendió el enorme cartel que colgaba del balcón, que rezaba “Brubaker Barter” y, más abajo, en letras pequeñas “Trueque Brubaker”.

    Desconcertada, por encontrarse una tienda en la cima más alta de un puerto de montaña, se encaminó hacia allí, no sin tomar las precauciones convenidas por su instinto de supervivencia. No sería la primera tienda, que es el queso de ladrones para los ratones nómadas. Observó durante un rato si entraba y salía gente, acentúo su percepción buscando huellas de vehículos. Todo correcto, pocas huellas, no entraba y salía nadie, a priori parecía ser lo que indicaba el cartel. Revisó la munición y se dirigió a la puerta.

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