19 jul. 2012



    Entrada 52 (Net-Runner 1 de 12). Narrador Omnisciente.

    Corven activó las reservas de energía que le suministraban los paneles solares instalados en las tejas del tejado. Todo su taller era alimentado por energía eólica procedente de los molinos de viento que lucían en la periferia, pero los múltiples sistemas de escáner y defensa del interior de la casa requerían un suplemento extra  de energía solar que captaban los paneles y que almacenaba un generador.

    Si algo era Corven era previsor. Como último recurso energético, tenía un viejo motor de gasolina, pero estaba situado en el subsuelo, en el pequeño búnker donde pasaban las noches él y su hija. Solo en casos de extrema necesidad recurría al motor, debido al enorme ruido que generaba y al gasto en gasoil, materia escasa y cara.
Se dispuso a dar el paseo supervisando las instalaciones. La alarma había sonado a medio camino, por la ruta que ascendía el Puerto de Palo. Tenía tiempo para no dejar pasar detalles. Desde Pola de Allande a la cima donde habitaban había un cambio de altitud, de 550 a 1.146 metros, en una abrupta subida de 4 kilómetros. << Está a dos kilómetros, puedo repasar tranquilamente>> se dijo, mientras salía de la casa y se dirigía a la otra construcción situada a escasos metros. Miró que todo estuviera en su sitio y bajó la persiana metálica del híbrido taller hospital. No tenía miedo a robos en la pequeña nave, pocas cosas del interior podían transportarse con comodidad y para usar las más portables se precisaban conocimientos avanzados en tecno-medicina. No hay ningún tecno-médico en muchos kilómetros a la redonda, y si no hay compradores, tampoco hay motivo de robo.

    Cuando regresó a la casa, adecentó la entrada que usaba como tienda para el trueque, y comprobó el cristal blindado del mostrador situado en medio de la sala. Miró las dos esquinas, tenía un escáner de implantes y una Militech L-37 con sensor de movimiento, un arma cara que bien valía la inversión, pues anclada a una esquina del techo disuadía a los ladrones, ya que era capaz de atravesar todas las capas de blindaje, como si fuera un blindaje blando común. El único problema real era la munición, apenas le quedaban 200 balas aunque el cargador tenía capacidad para más de mil.

    Atravesando la puerta metálica que separaba tienda y mostrador, dio un paseo por el resto de la casa, para ver principalmente si Shodan había hecho caso y estaba en el bunker subterráneo cambiándose de ropa. No tenía pensado hacerla subir, ni con, ni sin disfraz de muchacho, pero por si surgía la imperiosa necesidad de ello, que estuviera con el atrezo correcto para representar su papel. Para finalizar, echó un vistazo rápido a reservas de aire del búnker. Los ventiladores precisaban de demasiada energía, por lo que solo dejaban uno en marcha y abrían la escotilla de día,  para renovar el aire de manera natural. No era un búnker demasiado grande y había que renovar el aire continuamente. El suministro de aire independiente estaba agotado cuando llegaron por primera vez. Seguramente se agotó cuando sus primeros propietarios se alojaron después del Botón Rojo.