12 jul. 2012


Entrada 30. (Alarma 1 de 2). Narrador Omnisciente

    Corven se había levantado temprano y miró como Shodan dormía plácidamente. Estaría soñando algo bonito porque sonreía. <<Las niñas de esta época están hechas de otra pasta. Cómo puede sonreír con todo lo que les toca vivir. En su situación, estaría lleno de miedos y tenebrosas pesadillas>>, reflexionó.

    Se dirigió al contador de oxígeno del bunker subterráneo donde vivían, y aun quedaba suficiente para dejarla dormir. Se desplazó por el corredor hasta la escalerilla que lo llevaba a la superficie, a la casa ficticia que ocultaba esta entrada. Cada mañana repetía la misma rutina, subir, abrir y apretar los dientes para no encontrarse nada desagradable arriba.

    En mitad del ascenso sintió un mareo, se aferró a la escalerilla metálica con ambas manos y la abrazó. Todo comenzó a darle vueltas, y apunto estuvo de perder la consciencia. De uno de los dedos de su brazo diestro, el implantado, salió una aguja y, sin pensárselo dos veces, se pinchó en el cuello y respiró profundamente, mientras el líquido penetraba en su ser. Unos jadeos rápidos y el mareo había pasado. Sacudió la cabeza, no hacía mucho de su anterior mareo. <<Esto pinta realmente mal>>se dijo...

    Pasó el resto de la mañana en la superficie, donde tenía la casa híbrida, taller y centro médico. Se realizó algunos chequeos para ver la magnitud del mal. Malas noticias, como esperaba, porque el tumor continuaba creciendo, impasible a los medicamentos, imparable a la necesidad desbordante de vivir que sentía Corven. Maldijo en todos los idiomas que su chip traductor le permitía, el fin estaba relativamente cerca, y su máximo proyecto estaba relativamente lejos. Tanto conocimiento en medicina y técnica no le servían de nada, necesitaba urgentemente la profesión más inútil en estos días sin internet, necesitaba “para ayer” un Net-Runner.