4 jul. 2012



    Entrada 27. (Infierno 5 de 7) Narrador omnisciente

– Esto es lo que vamos a hacer… – apuntó el sargento. Y con la vaina de la Monokatana sobre el suelo empezó a garabatear su posición y los puntos cardinales. – A cincuenta metros, quiero que repartáis equitativamente las Claymore “internacionales”. Tenéis que programarlas para que se disparen una detrás de otra, en intervalos de tres segundos  desde que se accione el disparador. También debéis enterrar las granadas sin anilla, porque cuando se disparen las Claymore harán saltar las espoletas. Después, a ciento cincuenta metros, quiero que enterréis las dos cajas de cinta de la Minivulcan. Nos va a tocar correr y no podremos cargar con ellas, ni llevarlas en el compartimento de las cyber-piernas, nos retrasaría. Las enterráis ligeramente, y si las encuentran mala suerte. Si no las encuentran y tomamos ese punto, nuestro fuego pesado tendrá recarga – y señaló el punto exacto donde tenían que enterrarlas.

    Desenfundó la pistola y, apuntando al cielo, vació un cargador. Como si se tratara de un eco, comenzaron a escucharse tambores y estridentes sonidos producidos por las gargantas de las mujeres Bereberes. La posición había quedado al descubierto. El sargento sacó el cargador e introdujo uno nuevo.

– Como os he dicho antes, por la mañana nos atacarán. Estamos en desventaja, como Escipión lo estuvo frente a los elefantes de Aníbal en este mismo lugar, muchos años atrás. Aquí en el valle de Zama, nos rodearán en todas direcciones, avanzarán despacio, luego correrán y nos asaltarán como bestias enfurecidas. Mantendremos la posición y cuando abran fuego contra nosotros, sus balas no nos dañarán ¬– sentenció el sargento, que prosiguió su arenga con más entusiasmo. –Si nos atraviesan, no sangraremos, y si alguien muere, le dice a Caronte que se espere. Ellos son africanos de mierda y nosotros tenemos los cojones negros del humo de cien batallas. Aguantaremos sus acometidas en un ordenado círculo, que no tiene que romperse ni un ápice. A mi orden, nos sacaremos las pollas y cargaremos contra ellos como doce diablos en celo, les rodearemos y les daremos por el culo. ¡Victoria o muerte!

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Respondiendo a los correos sobre el lenguaje soez del sargento en el ultimo párrafo, decir que es un claro homenaje al "Sargento de hierro" de Clint Eastwood.