29 ago. 2012


   Entrada 104

   Después de la arenga para motivar a sus hombres, dio ordenes de montar campamento; un modesto fuego y sacos de dormir, eso era todo lo que podían disponer. Esa noche, no hubieron guardias de soldados, el sargento quiso realizar las tres guardias que englobaban las seis horas de sueño… Tenía muchos planes que ultimar y poco tiempo, iba a ser una noche larga.

   El viento soplaba con fuerza, no comparable con la tormenta de la tarde. Lo suficiente para crear sonidos aullantes a lo largo de las llanuras arenosas. Sentado contemplando como dormían sus hombres, se encontraba el sargento del escuadrón.

   Desprovisto del casco CyLP-Militech, mantenía sus ojos fijos en sus soldados, su mirada se perdía más allá del cuerpo material, allí donde los ojos no pueden ver, ni los sentidos percibir, en el profundo océano de pensamientos que un guerrero bucea en la noche anterior a la batalla.

<< He vivido en la guerra, me he alimentado de guerra, mis poros han sangrado guerra y en guerra me he convertido >>.

   Su dilatada experiencia auguraba la batalla con el despuntar del alba, en unas ocho horas, de no acontecer en ese momento, las cosas se complicarían, pero eran tantas las situaciones que podían darse, que no quiso ni plantearlas, solo pensó en cuando despertar al pelotón. << En seis horas, para que coman >> Pensó, calculando lo que tardaría el cuerpo en asimilar toda la energía de los alimentos.