29 ago. 2012


Dejo pasar las horas sumergiéndose en repasar una y otra vez el plan de acción, cada una de las tres fases. No era un buen plan, ni tampoco podría catalogarse de funesto, simplemente era el plan que iban a realizar: cada fase, más difícil de ejecutar que la anterior.

<< Tendré que ordenar atrocidades que atentan contra las desaparecidas asociaciones de derechos humanos. >> Pensó mientras peleaba con el viento, no encontraba el recoveco adecuado, para poder esnifar cocaína de una manera tranquila, solo era el principio de una larga lista de drogas que iba a consumir él y sus hombres antes y durante el combate. <<Para pelear sin humanidad, hay que alejarse de ella. >>

En su segunda guardia consecutiva, sus pensamientos volaban a los años servidos en la Legión Extranjera francesa repaso cada confrontación, cada escaramuza. Necesitaba sacar lo mejor de su experiencia, en tan solo unas horas tendría que dar órdenes exactas sin atisbo de error, sin posibilidad a equivoco, eran muy superiores en comparación a un humano, pero superados en numero.

Las guardias pasaban y el encéfalo se ensanchaba poco a poco, por los efectos de la droga, produciéndole un placentero estado de euforia. Se detuvo en un instante de la historia. Cuando como bien cita el historiador Plutarco, los pretorianos romanos sesgaron los testículos de “Partenio” y se los hicieron tragar mientras le interrogaban, buscando las respuestas sobre la conspiración que les hizo caer en desgracia al desencadenar en la muerte del Cesar Domiciano.

<< Esa clase de soldados necesitare yo mañana, ésos son los hideputas que ganan las guerras >> E inspiro con fuerza otra vez el polvo blanco.

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