29 ago. 2012


  102. Inferno (resumen).

   En alguna parte del desierto del Sáhara, Túnez, un pelotón corría en dirección Este hacia la lejanísima costa, al punto de extracción. Ya llegaban un día tarde por una avería en su AV-8 Assault Aerodyne les había dejado en medio de la nada, rodeados por infinidad de tribus hostiles, con sed de venganza por las atrocidades que estos soldados, y otros como ellos, habían perpetuado en su zona en los últimos tiempos.

     Los soldados portaban una fortuna en implantes de última generación pre Botón Rojo, a simple vista implantados con cyber-brazos y cyber-piernas, más un compendio de implantes internos que los alzaba una categoría mas allá del humano, eran Cyborgs.

    A lo lejos divisaron una tormenta de arena. El sargento no dudó en encaminarlos hacia ella, tal vez eso frenara a sus perseguidores.

  La tormenta alcanzaba los treinta pies de altura, a los lados no se vislumbraba ni el principio ni el fin. El viento rugía en su interior, mientras creaba deformes olas de polvo que subían y bajaban enroscándose como hélices, haciéndola parecer viva, bramando como una bestia antes de engullirse a una presa.
Conforme se acercaban, costaba más dar cada paso. Los granos de arena chocaban con virulencia contra sus armaduras y miembros metálicos, erosionando y comiéndose partes inapreciables de su blindaje y su cuerpo.

   Tuvieron que sujetar al piloto de la AV-8, carecía de extremidades implantadas, apenas podía moverse y mucho menos avanzar. Estaban a unos pocos metros de ser tragados por el gigante de arena.
   La gran masa de aire, polvo y arena les sobrepasó. Los primeros instantes fueron de desconcierto, angustia y miedo. Ni con un equipo sumamente sofisticado podían ver al compañero de al lado. Clavados en el suelo, con sus pesados cuerpos, permanecieron inmóviles durante el choque. Bastante trabajo costaba ya mantener la posición, cómo para atreverse a dar un solo paso.  Fue el sargento el que sacó fuerzas y dio la primera zancada, luego otra y otra más…

– Marchad, marchad o morir.