25 sept. 2012



    Entrada 143.

     Alzó la zurda para indicarle que demoraría la respuesta mientras tomaba bocanadas de oxígeno a través de la mascarilla que apretaba contra su boca con la diestra.

-Bien hombre bien, hoy sobreviviré- Comentó más calmado al retirarse la mascarilla – ¿Y esa copa que comentábamos antes? Si tienes un cigarrito liado lo agradecería
-Sea- Le ofreció su pitillera y una caja de fósforos mientras sacaba una jarra pequeña con agua. Se agachó y buscó por el mostrador durante unos segundos, cuando se levantó jugueteaba con una pequeña bolsita entre los dedos.

    Verdejo entrecerró los ojos e intentó ver que contenía la aplanada bolsita -¿Es un condón?- Especuló.

-¡Serás cretino! Es una pastilla militar para depurar agua, capullo.

    El nómada hizo un aspaviento mientras tiraba la cabeza para atrás, se metió la mano en la riñonera y sacó unas gafas de vista que habían vivido tiempos mejores, recubiertas con cinta aislante, esparadrapo y alguna clase de adhesivo. Las fijó y exclamó – ¡Coño, pues es verdad! ¿Y de dónde has sacado tú una de éstas si puede saberse?

-Manda huevos, aún conservas esas gafas. Están más remendadas que la ropa que usaba de niño… Sobre la pastilla, vino por aquí un tío que decía ser de una familia importante de Ciudad X, bebió, comió y hasta se folló a una motera en los baños, cuando salió la tiró sobre la barra en pago por todo lo suyo y lo de la mujer.- Sacudió la bolsita y asintió con la cabeza.

    La abrió encima de la pequeña jarrita, sacó un vaso de “chupito” y uno parecido; el clásico vasito de café cortado. Dejemos que repose un poco la pastilla.

Ambos se miraron a los ojos y al unísono dijeron: -Noooo- Y rieron.

Sirvió los dos sorbos de agua pura. – ¿Bueno, por qué brindamos, poeta?


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