25 sept. 2012



    Entrada 142.


    Se dio la vuelta al mismo tiempo que golpeaba la barra con la palma de la mano, para dar una sonora advertencia sobre su llegada al camarero. Asintiendo con la cabeza mientras miraba el lado derecho del local sacó un papel de fumar y un poco de picadura.

-¿Qué va a ser forastero?- Señaló el camarero mientras limpiaba un vaso; escupió saliva y continuó frotándolo esperando la respuesta.

    El nómada lo miró al tiempo que se encendía el pitillo, cuando fusionó su humo con el del resto del local se quito las voluminosas y pintorescas gafas de sol. De nuevo golpeó la mesa mientras añadía: -¡No hay huevos!. ¡No hay huevos!

    Se dibujó una sonrisa en la faz del camarero mientras dejaba el vaso y, aligerando el paso se acercó para atender al que una vez desprovisto de lentes y sombrero, mientras gritaba una frase del pasado… Reconoció como su amigo.

-¡Verdejo que alegría verte por mi establecimiento!- Bruscamente sacó medio cuerpo por encima de la barra y malamente le dio un abrazo y unas palmadas en la espalda – ¿Qué haces por aquí?
- Estaba relativamente cerca y me he dicho; voy a ver si me tomo algo gratis y de paso actuó un poco.
-Serás cabron.- Y ambos rieron. Verdejo empezó con una risa entrañable y terminó con un pequeño ataque de tos. Tiró el cigarrillo al suelo, con la misma mano sacó un trapo rojo del bolsillo y se cubrió la boca mientras remitía el ataque.

    Al retirarlo era evidente que estaba manchado de sangre, cosa que no pasó desapercibida para el que lleva toda la vida detrás de una barra.

-¿Cómo llevas lo tuyo? - Y le señaló al pecho a la altura de los pulmones.