28 sept. 2012



- ¡Dile a tus perros que estén tranquilos! -espetó presionando el cañón a su cabeza.

     Los soldados levantaron sus armas como un resorte al contemplar la escena, adoptando una posición amenazante.

-¡Bajad las armas! -se apresuró a ordenar el traficante.
-Buenos chicos, ahora vamos a llevarnos bien -cubriéndose con el cuerpo de su cautivo, se desplazó hacia atrás hasta llegar a la pared de lona de la tienda- es hora de dormir, tumbaos boca abajo.

      Xiao Lee hizo un gesto de asentimiento a sus hombres y estos cayeron a tierra obedeciendo. Con una patada en la parte interior de la rótula lo forzó a arrodillarse mientras cambiaba el arma de mano, y sin dejar de apuntarle en ningún momento, dio la orden mental. Del dorso de su mano afloró la cuchilla mono-filamento a través de la piel sintética que la camuflaba y un arco descendente hendió la tela, facilitándole una vía de escape.



-No es nada personal –susurró al oído del asiático, a la vez que golpeaba su nuca con la culata de la semi-automática. Tras esto, se apresuró a escapar por el hueco con la esperanza de perderse entre la multitud del mercado.

                              
                                                                
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