21 sept. 2012




    Entrada 141.

    Pero El Santa continuaba de pie por una jornada más. No solo oteó el cártel, también se interesaba por el número de vehículos aparcados a su alrededor: Casi media docena de motocicletas de distintas cilindradas, una furgoneta con una emblemática pintada de los años 80; el enorme símbolo de la paz en amarillo. Pero ni eso llamó la atención del nómada, enfrente de un árbol cobijándose del sol una especie de furgoneta eclipsaba al resto, era más vieja que su propia persona y eso ya es decir... Totalmente blindada con chapas de metal y remaches, su parte trasera parecía más un gran deposito de combustible que un maletero << ¿Será un viejo modelo americano?>> Pensó con intriga al no encontrar ese modelo en sus recuerdos.

    Sin darle más importancia de la que tenía, realmente ninguna, encaminó con paso más ligero la puerta <<El bueno de Óscar tendrá una tarde atareada, tiene que estar hasta los topes >>.

    Una densa nube con olor a tabaco, polvo y alcohol dio la bienvenida al viajero nada más traspasar la puerta. Se aproximó a la barra y tomó asiento en un taburete. Miró a su izquierda siguiendo la línea de la delgada y larga barra que se extendía por toda la zona de privados, no estaban separados entre sí. El nombre lo adquirían por un minucioso trabajo en adquisición de sillas bastante bajas que rodeaban las cuatro mesas circulares, la sensación de privacidad era otorgada por el encogimiento alrededor de la mesa, dando pie a susurros cercanos y negocios varios. Tan solo vio un grupo formado por dos hombres y una mujer cuchicheando sobre un asunto que solo ellos sabrían. El remanente de clientes ocupaban el resto del local, mucho más amplio y menos cercano.


                                                                Ir a entrada 142