1 oct. 2012



    Entrada 18. (Una tarde cualquiera 4 de 5). Narrador Autodiegético. 


    La pantera anda despacio por el comedor, acariciando jarrones y pequeñas figuritas, y mirando a tu hermano, con una mirada llena de lujuria, como si estuviera en celo. Se agacha a recoger un trapo del suelo, y al levantarse muestra exageradamente las nalgas. Mira fijamente a tu hermano, se mete un dedo en la boca y lo chupa, muy lentamente.

    Como un conejo que se queda mirando la luz del cazador, él se dirige hacia ella. Notas su excitación por la marca que se le dibuja en los pantalones.

– ¿Pero qué haces, cretino?. No la conoces. Encañónala –  dices elevando la voz desde la cocina.

–  Calla mujer y prepara limonada para nuestra invitada. Seremos buenos anfitriones con la señorita, porque la señorita va a ser muy buena con nosotros, ¿no?. 
<<Idiota, idiota y mil veces idiota>> 

    Pese a que ha quedado demostrada la diferencia de idiomas, tu hermano le habla en tono amable, desesperado por poseer su cuerpo. Deja la AK apoyada sobre la mesa y empieza a desabrocharse la correa del pantalón. La pantera se pone en cuclillas al final del comedor, y de nuevo se chupa un dedo de la mano derecha, mientras con la otra le anima a acercarse.

    Tu hermano camina hacia ella. A un metro de la AK, le traicionan los nervios y se lía con la correa que tantas veces se ha puesto y quitado. A dos metros, por fin se la quita mientras avanza hacia ella. Tres metros de distancia.

– Ahora vas a jugar con una cosa mas grande que tu dedito de zorra –  dice mientras se aleja de la AK a cuatro metros.

<< Noooooooooooooooooooooo >>

    La pantera se levanta con una mirada que congelaría el propio infierno, tranquila pero veloz, desenfunda su revólver, encañona casi a bocajarro a tu hermano y se escucha un estruendo en toda la casa. Los sesos de tu hermano quedan esparcidos por las cortinas, el sofá y una rinconera.

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