13 feb. 2013




Entrada 188.

Otra atronadora ráfaga escupió el cañón de la Remington, esta última ristra de disparos no buscaban alcanzar el objetivo que aún no veía, pero sacó tiempo para cobijarse entre los restos de un árbol caído.

Con cobertura, analizó la situación: De ser un ser vivo ya habría respondido al fuego. Posiblemente fuera una arma manipulada por un programa y por suerte el alcance del detector de su armadura era más lejano que el de la supuesta torreta.

Sacó el proyector de microondas y su PDA. Con rapidez intercambió baterías. Posiblemente esto lo dejara incomunicado descargándola totalmente, pero mejor era eso que recibir una ráfaga en medio de la nada.

Una vez acoplada apuntó al árbol buscando la torreta o lo que fuere: Las partículas detectaron el mecanismo del camuflado utensilio, pronto aparecieron los datos en el monitor: Detector de movimiento por pH sin marca.

Jack se levantó y no pudo evitar sonreír. Un simple detector de movimiento casero le había costado seis cartuchos de Remington. No anuló el aparato con una descarga de microondas, se limitó a escanear la zona e ir esquivando ese y otros dos idénticos que aparecieron a lo largo de la subida.

Con fuerzas renovadas por el incidente prosiguió sin detenerse a pensar. No quería enfrentarse de nuevo a sí mismo. Prefería el duro lance con la montaña, más físico y menos doloroso.